Saturday, May 31, 2008

El narcocorrido: algunasestrategias y definiciones para su estudio

El narcocorrido: algunas estrategias y definiciones para su estudio
May 31, 2008 by narcocorrido
Desde principios de los años noventa, cuando comencé a interesarme académicamente por el corrido, comencé también a interesarme en su vertiente dedicada al tráfico de drogas, el ahora llamado narcocorrido. En aquel tiempo el término no estaba aun en boga, se prefería usar el de corrido de narcotráfico o corrido de traficantes. Al ser oriundo de Tijuana y estar estudiando en esos años en Los Angeles, California me desplazaba constantemente entre las dos ciudades y escuchaba este tipo de producciones culturales en la radio aun cuando supuestamente en alguno o ambos lados de la frontera había prohibiciones oficiales o auto regulatorias de la industria radial. En efecto, la condición fronteriza de la región hacía nugatorio cualquier intento de censura. De hecho, cualquier esfuerzo de prohibir los narcocorridos es inútil por diversas razones. Desde el punto de vista legal va a ser muy difícil que haya sincronía binacional en los esfuerzos prohibitivos y la legislación de uno sólo de los dos países nunca va a poder detener un fenómeno que es cardinalmente transfronterizo. Siempre habrá o bien alguna estación de música mexicana en Estados Unidos que los toque y cuya señal llegue al lado mexicano o desde el lado mexicano, una estación que alcancé a los radioescuchas en Estados Unidos. Por ejemplo, cuando rehusaban tocar las canciones de Chalino Sánchez en el Sur de California por “cantar feo”; en Tijuana sí se escuchaban sus grabaciones. Su voz era, entonces, inconfundible. Después de morir y en medio de la explosión de la chalinomania va a ser extremadamente difícil distinguirlo al oído de las decenas de imitadores.
En noviembre de 1992, seis meses después de su muerte, se llevó a cabo el primer congreso internacional del corrido en Monterrey, Nuevo León, Si bien no hubo ninguna ponencia sobre narcocorrido sí recuerdo haber charlado con un par de investigadores, entre ellos Fernando del Moral, acerca de la muerte y (paradójicamente) del naciente fenómeno de Chalino. En aquel momento ninguno nos imaginábamos la influencia que iba a tener la figura de Sánchez en el desarrollo comercial y cultural del corrido en general y principalmente del narcocorrido. Me refiero, por supuesto, a la articulación de una narcocultura, la focalización de esa narcocultura en una imagen y una voz así como la creación a su primer mártir. A lo anterior habría que agregar activos menos cuantificables pero igualmente importantes; su manera de interpretar los corridos abrió la posibilidad a muchos oyentes de poder aspirar a ser ellos mismos cantantes. Muchos de sus seguidores, sobre todo los más jóvenes, identifican falsamente a Chalino como el fundador del narcocorrido o inclusive como el primero que hizo corridos por encargo. No fue ninguna de las dos cosas, pero lo que sí hizo fue dejar en claro que el locus de enunciación de este tipo de corrido no es México sino los Estados Unidos. Su música – y sobre todo sus letras- resonaron en una generación de jóvenes de origen mexicano que hasta entonces, como estrategia de vida en un contexto de minoría étnica en Estados Unidos, se sentían más identificados con la música en inglés.
En esos primeros años de la década del noventa se daba prácticamente por sentado que el primer corrido con temática de narcotráfico era “Carga Blanca” de Manuel Valdez. Dábamos también por hecho que “La canela” era otra muestra temprana del corrido de esta temática. Ninguno de los dos supuestos resultó verdadero. Armando Hugo Ortiz, investigador del corrido norestense, documentó que “La canela” no trataba de un eufemismo o alguna clave para nombrar alguna droga sino de un verdadero corrido sobre contrabando de canela. No en balde el verso que dice “traficaban la canela de Reynosa a monterrey” nunca tuvo lógica geográfica.
Por mi parte, en busca de corridos de narcotráfico que pudieran anteceder a “Carga Blanca” consulté en la biblioteca de musicología de la universidad de Michigan el monumental trabajo de Richard K Spottswood, su discografía de grabaciones étnicas producidas en los Estados Unidos de 1893 a 1942. Spottswood provee solamente el título, autor, fecha y lugar de grabación más no la letra de las canciones. En medio de la documentación de una serie de grabaciones que se llevaron a cabo en el mes de agosto de 1934 en la ciudad de San Antonio, Texas, encontré “Por morfina y cocaína” un corrido compuesto y grabado por Manuel C.Valdez. El título dejaba poco espacio a la duda, lo mismo que el nombre del intérprete y compositor: el mismo u homónimo del de “Carga Blanca”, pero todavía quedaba la duda de verificar la letra de la canción para evitar sorpresas.
Y es que por ejemplo, en mi búsqueda de muestras tempranas de corrido de narcotráfico y narcóticos me he encontrado con prometedores títulos como “Maldita droga” una grabación de 1939. Inicialmente consideré que este título podría ser un ejemplo de corrido condenatorio del narcotráfico y de sus consecuencias, quizás una muestra del lamento del prisionero donde el encarcelado maldice la droga que lo ha llevado a la desgracia. Sin embargo, la maldita droga resultó ser una canción queja de amor, una muestra clara del impacto causado por una mujer en el compositor.
La búsqueda de los primeros narcocorridos era más que una curiosidad arqueológica. Me interesaba comparar las muestras de los años treintas o cuarentas (o anteriores si las hubiese) con la producciones modernas finiseculares. Más que poder decir los corridos de narcotráfico de alguna época trataban determinados temas me interesaba hacer una lectura cultural, interpretar los diferentes usos de este tipo de corrido. ¿Para qué han servido estas producciones culturales a través de los años? ¿Qué nos dicen de las sociedades que las producen? ¿De sus valores? ¿De sus miedos?
Si bien algunas de las publicaciones de Américo Paredes hacían una breve mención de “Carga Blanca” en realidad prácticamente el único artículo académico que trataba del tema era el basal de María Herrera-Sobek. “The Theme of Drug Smuggling in the Mexican Corrido.” Este artículo fue publicado en 1979 y trataba de manera muy certera el fenómeno de los corridos de contrabando de narcóticos producidos a los largo de los años setenta. Al mediar la década del noventa empero, era para mi obvio que el corpus narcocorridístico ya no se ajustada a lo que había estudiado Herrera Sobek y así lo hice saber en “El corrido de narcotráfico en los años ochenta y noventa: un juicio moral suspendido”, un artículo publicado en 1998. En éste señalo “Por morfina y cocaína” como el posible primer corrido sobre narcotráfico. En ese entonces aun no tenía acceso a la letra del mismo por lo que no podía asegurar que así fuera. Como el título de mi ensayo indica, en este texto planteo que en muchas de las nuevas producciones de corridos de narcotráfico ya no existía el juicio condenatorio al narcotráfico y narcotraficante del que había hablado Herrera Sobek. La vertiente del lamento del traficante preso era, en efecto, cada vez más difícil de encontrar. A todas luces se hacía evidente que los corridos celebraban el narcotráfico y al narcotraficante y que se comenzaba – al principio de manera velada - a mostrar el uso de drogas por parte de los protagonistas de los corridos. Algunas muestras de esos corridos eran “La piñata”, “La fiesta de los perrones” “Los compadres”, “Los dos Plebes” y “También las mujeres pueden”. Para mediados de los noventa, ya se había grabado el gran éxito de los Tucanes de Tijuana “Mis tres animales” y los corridos de Chalino Sánchez y de sus imitadores proliferaban en la radio. Algunos de estos imitadores, por cierto, cantaban letras mucho más fuertes que las del propio Chalino quien en muy pocos de su corridos hace mención explícita de drogas.
Aun no reparaba yo en lo que ahora considero el principal catalizador en la resignificación del corrido de narcotráfico y narcotraficantes en el último cuarto del siglo XX: El caso de Rafael Caro Quintero. Este caso, en mi opinión fue la causa del cambio epistemológico que precipitó el género a su vertiente de narcocorrido; ahí precisamente radica la clave del surgimiento y proliferación del narcocorrido “duro” así como de su permanencia en el gusto popular. Sin embargo, ¿cómo definimos el narcocorrido? ¿Es aquel que habla sobre tráfico de drogas? ¿Sobre traficantes de drogas? De ser así, ¿en cualquier vertiente de la vida del traficante? ¿Como por ejemplo la manera en que se divierte? ¿O solamente en aquellas que conciernen sus actividades ilícitas?
En un artículo del año 2004 intenté hacer una distinción entre corrido de narcotráfico y narcocorrido. Basado en la evolución del género en los años ochenta y noventa decía yo que el narcocorrido ya no versaba tanto sobre valientes enfrentamientos a balazos entre contrabandistas y autoridades sino sobre celebraciones donde abunda el consumo de drogas, la ostentación y en general los excesos. Es decir, que el corrido de narcotráfico se fue convirtiendo en narcocorrido en la medida en que la temática pasó del narcotráfico, sus peligros y aventuras para convertirse en un corrido que enfatiza la vida suntuosa y placentera del narcotraficante.
La verdad es que el vocablo narcocorrido lleva un ímpetu imparable que desafía una lógica lingüística, textual y contextual. Más que hablar de una definición de narcocorrido quizás mejor convendría hablar de una noción asociada al narcocorrido. Esto permitiría incluir corridos que no necesariamente mencionan drogas - el tráfico o uso de estas- pero que obviamente abrevan del universo del narcotráfico. Lo anterior permitiría, por ejemplo, incluir el corpus de Chalino Sánchez quien es considerado por muchos el principal narcocorridista aunque, como dije antes, sus corridos pocas veces mencionan el narcotráfico y nunca, que yo sepa, el uso de narcóticos por parte del protagonista.
¿Y cuál es pues el primer narcocorrido? Si exigimos que sea un corrido donde se hable de drogas y su tráfico entonces el primero documentado en cuanto a la fecha de grabación sería oficialmente “Por morfina y cocaína” grabado el 9 de agosto de 1934 en San Antonio, Texas. Ahí mismo se grabó unas semanas después “El contrabandista” compuesto por Juan Gaytán, del dúo Gaytan y Cantú. Este es el corrido que Elija Wald propone como primera muestra del género en su libro Narcocorrido: Un viaje al mundo de la música de las drogas, armas, y guerrilleros. Tanto “Por morfina y cocaína” como “El contrabandista” son corridos que entran dentro de la tradición del lamento del prisionero aunque, al menos hasta ahora, no se han documentado los sucesos que los inspiraron ni, por supuesto, el momento de la composición por lo que debemos basarnos en su fecha de grabación para determinar su antigüedad.

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